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Texto: Carlos Gracia Estopañán
Fotos: Caudio Barragán Sacco


Contaban mis abuelos que oyeron contar a los viejos de Los Mases que en un principio eran sólo dos casas: La Casa Baja, ya desaparecida, que estaba en el Barrio Bajo y la Casa Alta, en el Barrio Medio. Eran familia y, por las noches, en la oscuridad se veía el brillar de las onzas de oro que llevaban de una casa a otra en capazos para contarlas durante la "estrenochada".

No deja de ser una leyenda que seguro tiene un fondo de verdad sobre los orígenes de Los Mases, igual que los restos que ha dejado la toponimia en los alrededores, como la "Cueva del Moro", donde he oído decir que allí vivían los moros y que cuidaban mucho la cueva pues tenían escaleras y hasta "cuadros"(¿podría justificar un poblamiento prehistórico de la zona?) o en "El castillo" cercano a "los Villares", donde en un bancal siempre se atascaban los machos al labrar;la curiosidad pudo con el dueño, que en una ocasión trató de averiguar que producía ese hecho allí precisamente. Cavó un gran agujero y aparecieron piedras, muros y "túneles y pasadizos". Una vez satisfecha su curiosidad, lo tapó de nuevo sin darle mayor importancia, pero no ha trascendido su posición exacta. Quizás se trate de algún pequeño asentamiento ibérico en la zona donde el valle se ensancha más.

Sean ciertas o no las anteriores suposiciones, lo cierto es que pocas noticias históricas tenemos acerca de Los Mases de Crivillén. La más antigua nos la da a conocer Daniel Gracia Amisén de forma indirecta en su libro "Alloza en la edad Moderna" al hablar de un incidente con un familiar de la Inquisición de Alloza "...en el lugar de Crivillén, partida de los Mases". No nos aclara si ya había población estable en Los Mases, pero sí nos da los nombres de dos propietarios de masadas. Todo esto sucedía en el año 1629. Otra mención aparece en 1798 cuando Ignacio de Asso, en su "Historia de la Economía Política de Aragón" dice "En el término de Crivillén se beneficia la famosa mina de manganesa,...es la única de su especie que se conoce en España" y era usada en la fábrica de cristales de San Idelfonso. Desde principios del siglo XVIII, encontramos referencias a documentos sobre vecinos o lugar de Los Mases y su relación con el cercano Convento del Olivar, que Fray Joaquín Millán Rubio recoge en su libro acerca del Monasterio. Pero la primera referencia a Los Mases como núcleo habitado permanentemente lo observamos en un registro de confesados y comulgados del pueblo de Crivillén en 1747, donde aparecen los nombres de 55 personas en edad suficiente para poder recibir los mencionados sacramentos, habitantes de 16 casas denominadas "las masadas de Crivillén". Otro registro similar de fecha poco posterior lo llamaba "Colonia de las masadas de Crivillén".

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Siempre dependió de Crivillén, no hay noticia de que fuera de otra manera y, así, siguió el mismo destino que su cabeza administrativa hasta la actualidad. En el censo de edificios realizado en 1920, Los Mases estaban compuestos por 108 edificios: 31 casas, 29 corrales, 21 pajares, 19 bodegas y 3 cuartos o cuadras, además de la ermita (la escuela no estaba construida todavía) y 4 hornos. Las viviendas se distribuían, y así nos las encontramos actualmente, en cinco agrupaciones de casas o masadas a lo largo de más o menos un kilómetro, con edificios auxiliares anejos a las viviendas o dispersos por los alrededores. Una de estas agrupaciones deja de estar habitada ya a principios del siglo XX, el resto recibía el nombre de su posición; Barrio de la Iglesia, el más importante, donde estaba la ermita y la escuela; el Barrio Medio y el Barrio Bajo, siempre en la orilla izquierda del río (que no podía llamarse de otra manera: de los Mases) antes de su unión con el Arroyo de Valdelaparra.

El río, aunque de escasa entidad pero con curso permanente de agua, es sin duda el causante de la existencia de Los Mases. Permitía el riego de la zona, creando una huerta con una intrincada red de balsas y acequias, de la que la más importante era la del "lau de las casas", que recorre de sur a norte el valle proveyendo de agua a las casas que se situaban-excepto en el Barrio Alto, que está un poco más separado-inmediatamente encima de ella. Otras acequias o "ceicas" eran: la del secano, construida posteriormente a la mencionada; "ceica i medio", que conserva en su topónimo restos del idioma aragonés; la de la Solana, en la parte superior, que recogía sus aguas de la caldera o nacimiento del río; la del Cerrau, en Valdelaparra, y otras de menor importancia ya río abajo, tras las casas.

Como nota curiosa, los cuatro barrios mencionados disponían todos ellos de un horno comunitario para la realización del tan necesario pan. Actualmente sólo queda el del Barrio Medio, que se encuentra en un buen estado y permite, incluso, su utilización. Los otros, desgraciadamente, han desaparecido. Igualmente ha desaparecido gran número de viviendas hasta quedar actualmente once habitables y otras tres no usadas, pero en pie. El resto de viviendas, la gran mayoría de corrales y otras edificaciones han sucumbido al abandono y se encuentran en estado ruinoso.

El edificio más importante de Los Mases es, sin duda, la Ermita de San Juan, situada en el barrio de la Iglesia. Fue construida en el año 1798 según consta en el libro de la Cofradía de San Juan, única cofradía religiosa de Los Mases. Las viejas historias decían que para su construcción se taló el pinar situado encima de la ermita, en "la rocha del Rincón". Es una iglesia de construcción rústica, aunque algún detalle apunta al gusto neoclásico de la época, realizada en mampostería, de una sola nave y testero plano, al interior con bóveda de cañón con lunetos y con portada en arco de medio punto. Presenta en la fachada dos plaquetas de cerámica que identifican al edificio y el conjunto del barrio, colocadas seguramente en el siglo XIX, cuando se constituyeron los ayuntamientos tal y como los conocemos hoy. Otro edificio público fue la escuela, construida en los años veinte del pasado siglo por los propios vecinos de Los Mases y que contaba con vivienda para el maestro. Se mantuvo en activo hasta el año 1963, como presagio de un fin ya cercano.

Frente a la iglesia y escuela, la Plaza, de pequeña dimensión. Aprovechando la fachada trasera de la ermita, el frontón para el juego de la pelota. En estos dos espacios se realizaban las fiestas del Barrio: la de San Juan, para honrar al patrón en su día, 24 de junio, y la fiesta del Roscón para la virgen de Septiembre, donde los dos cofrades a los que les correspondía, tras la misa repartían vino y torta a los presentes.

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La actividad del barrio siempre fue la tradicional agricultura de secano con el apoyo de la pequeña huerta y la ganadería. En otros tiempos, la seda fue un producto al que se dedicó gran parte de la población quedando como restos dispersos moreras en diversos puntos de la huerta. Posteriormente el azafrán fue también muy cultivado y, sobre todo la vid, dando cuenta de ello las numerosas bodegas construidas. Aparte de las labores tradicionales, prácticamente la totalidad de los vecinos de Los Mases participaron desde 1881 en las labores de construcción del Pantano de Escuriza, del Congosto o de Hijar, situado en sus cercanías, río abajo, inmediatamente después de donde el río de los Mases se junta con el Escuriza, ya unido al río de Estercuel. Posteriormente, por los años veinte, se emplearon varias familias en los trabajos de sangrado de pinos conduciendo las largas "reatas" de burros en la Codoñera para obtención de resina, o "serrina" que decían aquí, como materia prima para la fábrica ahora desmantelada y de la que sólo sobresale la majestuosa chimenea de la espesura del pinar. Una pequeña parte de los vecinos se dedicó a la minería de manganeso, mineral pesado y de color azulado que aflora en este valle en vetas muy finas, casi lineales. Las escombreras y bocaminas realizadas en los alrededores del barrio denotan una larga explotación.

Realmente, la población de Los Mases fue siempre pequeña, siempre por debajo del centenar de personas. El auge de las minas con la explotación de la Garnier, a finales de los cincuenta y principio de los sesenta, supuso quizá el mejor momento de poblamiento de toda su historia, que incluso atrajo trabajadores y familias de otros lugares. El intento de implantación de maquinaria para la extracción del mineral y el poco rendimiento obtenido supuso el cierre paulatino de las minas y la despoblación total del barrio en muy poco tiempo, quedando en 1968 totalmente desierto.

Algunas personas todavía recordarán a Juan "el cojo", que volvió a habitar el barrio solo, con sus perros y sus cabras durante varios años hasta que trasladó su residencia definitivamente a Crivillén.

No todos los que se marcharon olvidaron sus raíces; de hecho, las casas ahora habitables fueron conservadas por sus propietarios, que volvían desde Barcelona o Zaragoza siempre que podían, hasta que la jubilación permitió a Pedro y a Joaquín con sus esposas el vivir más o menos permanentemente de nuevo en Los Mases. Durante unos años la vida volvió a este rincón perdido, pero su reciente fallecimiento ha hecho retornar de nuevo la situación anterior.

Como anécdota curiosa hay que mencionar que para la construcción de la escuela se picaron dos rollos de piedra conglomerada propia de la zona para "rollar" el yeso que se traía del "Río Mollón", cerca del pantano. En una visita a los Mases del insigne escultor de Crivillén, Pablo Serrano, uno de estos rollos le llamó la atención tanto que pidió a sus acompañantes que lo levantaran y lo colocaran "en un lugar elevado y digno". Éste fue su particular gesto de reconocimiento y dignificación hacia un objeto abandonado y en desuso, que dio un servicio a los hombres.

Sirva el presente escrito como nuestro homenaje a todas las personas de Los Mases, a los que nacieron y vinieron aquí, que trabajaron duro durante gran parte de su vida en el campo, con el ganado o en la mina, y tuvieron que abandonar su casa, sus tierras y cambiar radicalmente la forma de vivir por circunstancias del momento. Todos ellos siempre llevaron dentro un recuerdo muy especial para este rincón de Crivillén, tan especial que en algunos momentos parecía que nunca se habían marchado.

Extraído del Número 16 del B.C.I. - Boletín de Cultura e Información de junio de 2009


Rumbo a los Mases desde Crivillén hasta Minería Portomé


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